Nos Manipulan
Hace unos días leí por Facebook una frase preocupante: «La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores».
No nos damos cuenta y vivimos día tras día siguiendo las normas marcadas, las reglas que nosotros mismos nos hemos impuesto, supuestamente para vivir en armonía. Reglas que, a mi juicio, son totalmente necesarias para la convivencia, el respeto y la armonía entre nosotros. Para no vivir en un caos continuo.
Conduciendo seguimos miles de normas. Si somos peatones otras. En el trabajo cumplimos horarios y hacemos lo que nos dicen. Jugamos a fútbol o a cualquier otro deporte y cumplimos las reglas. Más reglas tenemos en cualquier juego que se nos ocurra. Y así con todo, incluso en nuestra propia casa cumplimos normas… cerramos el grifo después de lavarnos, apagamos luces antes de irnos a dormir, lavamos la ropa, etc.
Todo se resume a lo mismo; tratar de vivir en armonía.
Pero no es cierto. Las normas sólo existen para complacer a unos pocos. Vivimos para que otros disfruten de la vida.
Muchas veces, hablando con amigos, les comento que soy partidario (aunque consciente de que es una quimera) de un mundo globalizado donde rijan las mismas normas básicas para todos (normas como no matar, no robar, no hacer daño al prójimo, etc.), con pequeños matices según las regiones, pues en el mundo hay muchas culturas y climas, por lo que no sería lógico que tuviésemos en todas partes exactamente las mismas normas. Pero garantizando la sanidad, la comida, el cobijo, etc. Y siempre hay alguien que me recuerda que eso no sería sostenible, pues siempre se habla de que si en Europa tenemos las comodidades que tenemos, es precisamente porque en otros lugares del Mundo no lo tienen. Si tuviésemos que repartir nuestra riqueza con, por ejemplo, África, perderíamos muchos de nuestros privilegios y mermaría nuestro bienestar. Conviene que nos olvidemos de África. Recordad el post que titulé «La magia de las estrellas».
Puede que los pensadores africanos crean que viven para que nosotros disfrutemos de la vida, pero en realidad todos vivimos para que disfruten unos pocos. Podríamos pensar en Bill Gates o Mark Zuckerberg entre otros, pero voy más allá, pues aunque estos viven como quieren y no les falta de nada, se han ganado sus imperios a pulso, con trabajo e inteligencia. Pero siguen trabajando para que sus empresas funcionen. Si están dándose un baño en el jacuzzi de algún hotel de 5 estrellas, seguramente están pensando en sus empresas o en los negocios que tienen entre manos.
Ahora pensad en sus hijos… o en los hijos de cualquier jeque árabe dueño de alguna petrolera. Hablamos de personas que han nacido inmensamente ricos. Personas que no han tenido que trabajar y tienen todo lo que puedan imaginar sin tener que pensar en el coste de las cosas. Son personas que no saben lo que es padecer. Personas que el único objetivo en su vida es disfrutar.
Para estos es para quienes vivimos, porque todo lo que hacemos les beneficia a ellos. Porque si nosotros, toda la sociedad, al mismo tiempo decidiéramos quedarnos en casa sin hacer nada, a estas personas no les serviría de nada su inmensa fortuna y entonces sí que lo pasarían mal. En cambio, seguimos adelante con nuestras vidas, trabajando e intentando disfrutar el tiempo libre que tenemos.
Ellos van en coche… un coche que hemos tenido que fabricar y comercializar. Van por carreteras… carreteras que un ingeniero de caminos ha diseñado y unos obreros las han asfaltado. Comen lo que les apetece… comida que hemos tenido que cultivar o cazar, envasar, etc… Y así cada cosa que se les ocurra hacer o disfrutar. Lo tienen todo sin esfuerzo.
Para ellos vivimos, y si fuésemos totalmente conscientes de eso, quizás intentaríamos cambiarlo. Por eso no trabajamos 14 ó 15 horas al día (bueno, alguno sí… por ejemplo yo este pasado verano), y tenemos tiempo para nuestro disfrute e incluso nos dan zonas de ocio para que creamos que así somos felices y continuemos dándoles lo que necesitan. Nosotros creemos que lo tenemos todo. Pero en realidad somos esclavos de unos pocos afortunados.
Como no podemos evitar ser esclavos de esta gente, sólo podemos esperar dos cosas.
- Que sus padres les hayan educado para que respeten y valoren lo que tienen, de manera que aporten su granito de arena a la sociedad.
- Que la vida que nos ha tocado vivir a cada uno de nosotros sea lo más placentera posible y que consigamos los retos que nos proponemos.
Sin dejar de lado el resto de mi vida, yo me he propuesto escribir. ¿Y tú qué propósito tienes para sentirte realizado?
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«No permitas que la conducta de otros destruya tu paz interior». -Dalái Lama-
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