La Magia de las Estrellas
Uno de los momentos verdaderamente mágicos de la vida es tumbarse bajo el firmamento en el campo o en la playa, alejado de la ciudad y de cualquier luz artificial, y contemplar las estrellas. El sonido de una suave brisa, el ulular de un búho o el murmullo de las hojas en los árboles mientras vas identificando constelaciones es algo que puede hacerte soñar…
«El objetivo era conocer otros planetas, otras galaxias… viajar lejos. Emulando en parte la manera de viajar de la película «Passengers», nos encontrábamos en un mirador de la nave mientras salíamos de la atmósfera terrestre.
En cuanto la Tierra fuese del tamaño de una canica tendríamos que dirigirnos a la sala de hibernación. Una siesta de cientos de años (sin envejecer) nos esperaba.
Predominaba el azul del mar, los continentes se veían entre marrón, amarillo, rojo y verde, después estaban los polos de un blanco brillante, bonito… hermoso, pero el colorido extraordinario de nuestro planeta natal contrastaba con la oscuridad que nos empezaba a rodear.
Cuanto más nos alejábamos, más nubes iban tapando parte del paisaje embriagador, pero al mismo tiempo, esas formas caprichosas que formaban las nubes, hacían del planeta azul un lugar misterioso y genuino.
Me parecía paradójico descubrir que el planeta que dejábamos atrás gozaba de una belleza única, al menos visto desde esa distancia, cuando era eso lo que las miles de personas que nos encontrábamos en la nave íbamos a buscar en otra galaxia, lejos de la polución y el ruido incesante.
Sumido en esos pensamientos me encontraba cuando caí en la cuenta de que sólo contemplábamos la mitad del globo. Fuera de la vista, curiosamente, se encontraba Oceanía; el continente casi olvidado por todos, y Asia; un continente que sólo interesa para beneficiarse de él. A este lado quedaba el resto; América, Europa y África, pero, casualidades de la vida, las nubes tapaban África; la tierra de la «escasez», y Sudamérica; la eterna promesa de desarrollo.
El capricho de las nubes y la posición de la tierra sólo dejaban al descubierto Norteamérica y Europa. Cuanto menos curioso. Exactamente lo mismo que «vemos» desde el suelo.
Visto así, el viaje interestelar tenía sentido. No teníamos que dejar que la belleza de la Tierra nos deslumbre, pues la realidad es que nuestro planeta está nublado desde el cielo y desde el suelo, y al final sólo vemos lo que nos dejan ver.
Me levanté y tomé rumbo a la sala de hibernación. La nave me llevaría hacia otra estrella, otro planeta, otra vida… Encontraré un nuevo horizonte. Quizás allá no haya nubes.»
Prueba soñar mirando las estrellas… descubre constelaciones, y si no las conoces, invéntatelas… Pero no dejes de soñar.
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«Si conociéramos el verdadero fondo de todo tendríamos compasión hasta de las estrellas» -Graham Greene-
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[…] Muchas veces, hablando con amigos, les comento que soy partidario (aunque consciente de que es una quimera) de un mundo globalizado donde rijan las mismas normas básicas para todos (normas como no matar, no robar, no hacer daño al prójimo, etc.), con pequeños matices según las regiones, pues en el mundo hay muchas culturas y climas, por lo que no sería lógico que tuviésemos en todas partes exactamente las mismas normas. Pero garantizando la sanidad, la comida, el cobijo, etc. Y siempre hay alguien que me recuerda que eso no sería sostenible, pues siempre se habla de que si en Europa tenemos las comodidades que tenemos, es precisamente porque en otros lugares del Mundo no lo tienen. Si tuviésemos que repartir nuestra riqueza con, por ejemplo, África, perderíamos muchos de nuestros privilegios y mermaría nuestro bienestar. Conviene que nos olvidemos de África. Recordad el post que titulé “La magia de las estrellas”. […]
Me encanta!