Sufrimiento
Me dice mi mujer que tenemos que ir a Primark para comprar unos pijamas a los niños.
No hay mejor manera de hundirme el día. No se trata de ir a comprar, ni de ir con los niños, ni tiene nada que ver con los pijamas… Es simple y llanamente que aborrezco entrar en las tiendas de ropa. Nunca me ha gustado y dudo que llegue a gustarme jamás.
INTENTO DE HUIDA
Pienso en la manera de escabullirme…
– ¿Es necesario?… ¿No prefieres ir sola y de paso miras ropa para ti?… ¿Podemos ir otro día?
– ¿¡Otro día!?, hay que probarles los pijamas, si no habrá que volver OTRO DÍA.- Responde sin piedad.
Un argumento sólido y convincente. Hay que conseguir por todos los medios NO volver otro día. No sé si sobreviviría.
Una vez desarmado claudico. Una vez más pierdo la batalla. Pero me convenzo de que no perderé la guerra.
ALGUNA VICTORIA
Y entonces mi mente me trae recuerdos de victorias. Una de las más grandes victorias que he logrado:
Cuando aún contábamos por meses el tiempo que llevábamos juntos se dio cuenta de mi fobia a ese tipo de tiendas y comenzó a comprarme ella la ropa. Me traía un polo, un pantalón o un jersey y me decía:
– Mira qué sorpresa te he comprado. – Su mirada era de amor. Quizás al ver mis ojos… mi rostro entero de satisfacción. O de victoria, diría yo.
Lo mejor es que me lo probaba en casa y si no me estaba bien ella misma iba a cambiarlo por la talla correcta al día siguiente.
Aún hoy en día lo hace así. Pero los niños, la casa y el trabajo, entre otras cosas, hace que no siempre sea así.
DESUBICADO
Me toca entrar en Primark. Un pez en el desierto estaría más a gusto que yo. Me siento desgraciado.
Y acabo entrando. Persiguiendo a las fierecillas de mis niños, que todo lo quieren tocar. No sé cuánto tiempo estamos dentro pero se hace eterno. Horrible. Ropa por todas partes y niños escondiéndose entre ella… y para colmo un gentío importante.
Al cruzar el umbral de la puerta para entrar, mi mente me trae un grato recuerdo aunque no lo veo hasta que llevamos un buen rato «paseando» tranquilamente por la «maravillosa» tienda.
EL GRATO RECUERDO
Ya hace años que le decía a mi esposa, cuando aún no habíamos pasado por el altar, que en ese tipo de tiendas debería haber una sala o un rincón en el que rezara el título:
- «SALA DE NOVIOS EN ESPERA»
Me imaginaba ese rincón con libros, revistas, una televisión e incluso con una Play Station para que los «novios» pudiéramos distraernos mientras ellas se dedicaban a dar vueltas de un lado a otro de la tienda.
Pues bien, la primera vez que entré en Primark (años más tarde de la primera vez que le hice el comentario a mi novia) descubrí que tienen un rincón parecido a mi «presagio».

Si bien no tiene lo que yo imaginaba que debía tener este rinconcito, al menos hay donde sentarse a esperar a que pase el tiempo mirando el móvil o la gente pasar. Y dispone de puntos de carga por si te quedas sin batería en el móvil, tablet, etc. Estos puntos de carga demuestran que saben que «ellas» van a pasar muuuucho tiempo en la tienda y la batería de los móviles van a temblar.
Para mí fue todo un descubrimiento. ¡Ole por Primark!
Así no da tanta pereza a la gente como yo llevar a nuestras parejas a mirar ropa.
¿Qué tendrá eso de divertido o interesante?
Nunca entenderé el que no se cansen de mirar ropa, ropa y más ropa… y al salir de una tienda entren en otra a mirar más ropa.
LA GRAN DECEPCIÓN
A pesar de haber encontrado un rincón del «novio en espera» o «novio desesperado», resulta que sigo persiguiendo a mis pequeños vástagos por la tienda y mi mujer me sigue preguntando que qué me parece esto o lo otro, de tal manera que no puedo dispersarme en ese «maravilloso» rinconcito.
¡Pero si yo descubrí los pantalones vaqueros con 20 ó 25 años! (Esto es totalmente cierto. Siempre consideré que eran incómodos y me negaba a llevarlos, hasta que un día, no recuerdo por qué, mi hermano pequeño me insistió en que me probara los suyos. Desde entonces llevo casi siempre. Misterios de la vida.) ¿Por qué me pide mi mujer opinión sobre la ropa?
Cuando por fin acaba el sufrimiento y salimos de la tienda me doy cuenta de que tan sólo me he sentado unos minutos en la «sala del descansar» mientras los niños se probaban la ropa que su mamá les quería comprar.
Una gran decepción… o quizás no tanto, pues durante esos minutillos a mi mente se le ocurrió este post que dedico con todo mi cariño a mi querida y amada esposa. Te quiero.
P.D.: Al final acabé comprándome un pantalón para mí que me gustó.
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«Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado». -Napoleón I-
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