He Estado Muerto
Sin darme cuenta me perdí en la oscuridad de mi propio alma. Todos mis sentidos se desvanecieron al instante. No oía, no olía, no veía… Ni siquiera pensaba. No soñaba.
Cuando desperté en «la habitación del despertar» me di cuenta de que había estado muerto algo más de dos horas, que fue lo que duró la intervención.
Hola, ya me operaron los ojos. Todo fue bien y poco a poco me he ido recuperando. Los puntos ya han caído y apenas tengo ya rojez. Incluso ha mejorado algo mi vista y por supuesto estéticamente mis ojos están centrados.
Es curioso lo que hace el subconsciente. La noche antes de la operación, sin motivo aparente, se me enganchó el cuello creándome tortícolis. Lo medio remedié durmiendo con una bolsa de agua caliente en el cuello.
Una vez estuve en el hospital, todos se portaron fenomenal conmigo. Me tranquilizó mucho el hecho de conocer a casi todos.
El momento más delicado fue cuando entré en quirófano, ya que yo había hablado con un anestesista con el que tengo confianza para que fuera él quien me durmiera y al llegar me dijeron que le había surgido algo a última hora y no podría estar ahí. Eso me puso algo nervioso porque tendría que dejar mi vida en manos de otra persona.
Tengo que decir que quien me anestesió lo hizo de lujo. Incluso al ponerme la vía, lo hizo tan bien que ni me enteré de que me la había puesto.
Cuando desperté en la Urpita, o sala del despertar, me encontraba muy bien. Intenté recordar algo. Pero mi mente sólo recuerda hasta unos segundos (quizás un minuto o dos) después de que me pusieran la vía. Nada más. Ni tan siquiera algún sueño o parte de alguno. Nada.
Es cuando me di cuenta de que estar anestesiado es lo más parecido a morir. Siempre nos lo venden como una siesta, un sueñecito… pero la realidad es que se parece más a morir. Cuando duermes sueñas. Yo no soy de recordar los sueños, pero si no recuerdas el sueño que has tenido, a veces recuerdas un trocito de lo último con lo que estabas soñando antes de despertar. O al menos recuerdas lo que rondaba por tu cabeza antes de dormirte. Yo no recordé nada.
Cuando duermes es muy fácil despertarte con los ruidos o las voces de alrededor. También es fácil que te despiertes si te hacen daño de alguna manera, etc. Con la anestesia no hay nada de eso. Todo es oscuridad. No oyes, no sientes, no padeces, no ves… Estás muerto aunque tu corazón siga latiendo.
Y sólo despiertas cuando el anestesista decide despertarte o cuando se pasa el efecto de las drogas que ha metido en tu cuerpo.
Así que «he estado muerto», pero ya estoy vivo. Vivo.
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«La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida». -André Malraux-
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